Carme Garcia
La
mirada de la fotógrafa Carme Garcia Padrosa (Barcelona,
1915–2015) retrotrae hacia ese tiempo y ese espacio. Una mirada femenina,
tras el visillo, de puertas adentro por el imperativo de las circunstancias. La
editorial El Cep i la Nansa acaba de
editar un libro retrospectivo coincidiendo con la inauguración de la muestra 'Des del terrat', que,
comisariada por la historiadora Isabel
Segura, podrá verse hasta el 27 de octubre en la sede del Arxiu Fotogràfic de Barcelona (plaza
de Pons y Clerch, 2). Una gavilla de imágenes tomadas de 1935 en adelante con
la sobriedad de ese blanco y negro que tan bien le sienta a Barcelona.
‘Des del terrat’
El historial de Carme Garcia parece un calco del de otras mujeres artistas, rescatadas del olvido por el canto
de un duro. Como Vivian Maier, la niñera cuyos negativos aparecieron de chiripa en la
subasta de un trastero, o como Milagros Caturla, otro tanto en el mercadillo de Els Encants. Hace ahora ocho
años, la compañera Gemma Tramullas dedicó a nuestra heroína una contra deliciosa, cuya lectura denota que la fotógrafa se encontraba tan a
gusto con la entrevistadora, que, en confianza, le fue confesando sin darse
cuenta cómo cultivó la vocación con una cámara de chichinabo comprada por 16
pesetas en la calle Ferran. Quiso estudiar en la Llotja pero, ay, su madre
volvió a quedarse embarazada y ella tuvo que ponerse a trabajar a los 13 años
para ayudar en casa. Luego llegó la maldita guerra que truncó tantos sueños.
Una habitación propia, como preconizó Virginia Woolf, o una
cocina propia, tanto da. Después de las papillas o las lentejas del mediodía,
Carme mezclaba los líquidos para el revelado en su cocina de la calle Avinyó,
gracias a que la diosa fortuna quiso que se apuntara en 1956 a un curso para mujeres en la Agrupació Fotogràfica de Catalunya. Recluida en
el espacio doméstico, la artista subía a la azotea con la cámara cuando podía.
Tiempo arañado al tiempo. Arte sin salir de casa.

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